UN ENVEJECIMIENTO ACTIVO, ES UNA LONGEVIDAD PLENA

Qué razón tenía aquel que dijo que «positividad más proactividad» conforman un cocktail mágico que encauzan en buena parte el camino hacia un envejecimiento activo, pleno y satisfactorio.

envejecimiento activo

Pero la proactividad no se limita a una toma de decisiones o sólo a pensar en proyectos: implica además hacerse cargo de que algo hay que hacer para que los objetivos que se fijen en nuestra mente se lleven a efecto, se busque el cómo, el dónde y el por qué. Es decir, actuemos, nos pongamos en marcha con determinación, seamos activos con nuestros sueños.

Positividad y productividad, dos ingredientes indispensables para una longevidad fructífera

Estas actitudes vienen a colación porque son parte del secreto de muchas personas que han superado la edad de jubilación para embarcarse en una envejecimiento activo, lleno de ricas experiencias vitales y proyectos que no sólo les han permitido seguir creciendo, sino que les han reportado grandes beneficios psicológicos y de salud, tal y como demuestran innumerables estudios médicos, enriquecer su calidad de vida y mejorar incluso sus propias economías personales.

Mantenerse activo, múltiples dimensiones para lograrlo

Mantenerse activo abarca múltiples dimensiones, desde la actividad física, la formativa y de conocimiento, la relacional, la viajera y de ocio, la de consolidar viejas aficiones, etc., y sin olvidar también la del propio emprendimiento de nuevos negocios y actividades. Muchas dimensiones e igual propósito: disfrutar de ellas para sentirse bien y autorrealizado. Esto en el fondo supone pasar de la ecuación “mente sana in corpore sano” a la más evolucionada de “mente sana y actitud activa in corpore sano”.

El consejo en este punto radica en que cada persona dirima qué dimensiones le aportan mayor satisfacción vital, le gustan o atraen más en definitiva, y a partir de ahí, se marque sus propias metas personales y dirija sus esfuerzos para conseguirlas.

Una nueva «Edad de Oro»

Contamos con el factor tiempo a nuestro favor, tiempo libre, el auténtico “oro” de los tiempos modernos, al que llenar con nuevas y valiosas experiencias y descubrimientos, y al que se añade otro elemento fundamental: el no tener que dar “cuentas a nadie” de nuestras propias metas y logros.

El compromiso es personal con uno mismo, con nadie más. Nuestra auto exigencia será nuestra única vara de medir lo que hagamos o no hagamos para avanzar en nuestro camino.

Y dentro de este contexto de sugerencias, y más allá de lo que puedan entenderse como más comunes cuando se habla de envejecimiento activo (adquirir hábitos más saludables como la actividad física y cognitiva o ligadas a la alimentación, cuidar el marco relacional, potenciar aficiones, etc.), ¿por qué no lanzarse a nuevos horizontes? ¿por qué renunciar incluso a generar nuevas actividades profesionales si es lo que nos gusta o atrae? ¿Por qué no aunar mis aficiones y habilidades con la satisfacción de impulsar un nuevo negocio?… y más si por nuestra experiencia podemos aportar aún mucho valor, ¿Qué nos lo impide?

Estamos ante una nueva «edad de oro«, que no de ocaso, sino que puede ser tan productiva y “energizante” como cualquier otra. Te sorprenderías de la cantidad de personas mayores que han iniciado negocios y emprendido actividades empresariales para cumplir sus sueños, para revertir a la sociedad parte de sus conocimientos o simplemente para dar respuesta a sus inquietudes más profundas.

Ejemplos inspiradores

La propia lista Forbes de millonarios ha estado repleta de personas mayores que se lanzaron a cumplir sus anhelos, convirtiéndose en figuras icónicas como el caso del inventor de la Coca-Cola John Pemberton a sus 55 años o del Coronel Harland David Snaders fundador de la cadena de pollo frito KFC, quien desarrolló su proyecto después de su jubilación a los 65 años y se convirtió en multimillonario a los 88 años de edad.

Como éstas hay otras múltiples historias. Cada historia es tan inspiradora como la última. Todas en su dimensión, más grande o más modesta, más lejana o más cercana.

Pero lo importante no es hacerse millonario, sino la inspiración, el ejemplo a seguir. Porque la edad no es más que un número y nada tiene que ver con la autorrealización, la evolución y la consecución de metas personales, las que uno decida sin compararse con nadie y que pueden provenir de vías muy diversas, tanto conocidas como ignotas.

Al final de todo, el éxito o la satisfacción que consigas dependerá de tu definición personal de la palabra “éxito” y de la escala que le otorgues. Olvídate de tu edad y de lo frágil que te sientas: mientras tu mente pueda concebirlo y creerlo, definitivamente puedes lograrlo. Es cuestión de ponerse a la tarea…y para ello no dejes de ser nunca positivo y menos aún proactivo, porque un envejecimiento activo es garantía de una longevidad más satisfactoria.

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