VIAJAR CON UNA ENFERMEDAD CRONICA

Fuente: Louis Hansel

Aprende a viajar con una enfermedad crónica.

A medida que se cumplen años no sólo no descienden los deseos de viajar, sino que además se incrementan las oportunidades de hacerlo. Con los hijos fuera del hogar podrás viajar más tiempo y hacer realidad las aventuras que siempre has soñado. Al mismo tiempo es posible que tengas más probabilidades de padecer un achaque recurrente. No dejes de viajar. Usa el sentido común, y tira millas.

Visitar al médico antes de partir.

Si padeces una enfermedad crónica, puede que tu sistema inmunológico no sea tan resistente como solía ser. Una manera sencilla de incrementar tu capacidad inmunológica durante el viaje es vacunarte contra las enfermedades a las que pudieras estar expuesto.

Si piensas viajar a un área tropical, infórmate acerca de vacunarte contra enfermedades como la fiebre amarilla, la fiebre tifoidea y la malaria. Es un pinchazo rápido y sencillo que puede ahorrarte mucho dolor en un viaje que deseas disfrutar. Preveelo y consúltalo con tu médico con unos meses de anticipación.

Viajar con todos los medicamentos que pueda necesitar

Utilizar un sistema de salud de otro país puede ser estresante, así que asegúrate de viajar con los suficientes suministros médicos propios. Además, si usas gafas graduadas no te olvide de llevar un segundo par, ni medicamentos para alergias, desinfectante para manos, insecticida, protector solar y un pequeño kit de primeros auxilios.

Puede caer en la tentación de comprar medicamentos en el extranjero porque pueden ser más baratos. Sin embargo, debería asegurarse de que no se trate de medicamentos falsificados, contaminados o que no cumplan con las normas europeas de medicamentos y productos sanitarios. Por si acaso, y especialmente al viajar con una enfermedad crónica, conviene informarse acerca de la disponibilidad de farmacias online reguladas.

Informarse acerca de la legislación de medicamentos de tu destino

Cada país puede tener sus propias regulaciones de medicamentos, y estas pueden ser drásticamente diferentes. Si llevas analgésicos fuertes o ansiolíticos, por ejemplo, es posible que necesites un permiso especial para cruzar la frontera. En el mismo sentido, cuando viajas con una enfermedad crónica, es recomendable no traer medicamentos de vuelta, para evitar causar problemas en los diferentes controles de su viaje de vuelta.

Ser sospechoso de tráfico de drogas puede tener consecuencias muy graves en algunos países. Manten una actitud precavida, infórmate y lleva tus productos farmacéuticos en su envase, y con la receta original.

Obtener un seguro de viaje.

El seguro de viaje tiene un pequeño coste que muchos viajeros no incluyen en su presupuesto, pero esa pequeña cantidad puede ahorrarle mucho dinero, tiempo e inconvenientes. Si enfermas en un país extranjero, la atención médica como no residente puede tener precios exorbitantes. Además, sin seguro, la evacuación de emergencia en caso de accidente o desastre natural es aún más costosa.

Llevar información sobre tu condición médica.

Lleva una tarjeta de identificación médica contigo, en la cartera, en una pulsera o en tu teléfono. Traduce al idioma los datos más importantes como tu edad, tipo de sangre, estatura, peso, prescripción de medicamentos y condiciones de salud. En caso de emergencia, esta información puede ser crítica.

Sin perder de vista que algunos países tienen leyes estrictas de acceso para visitantes con enfermedades transmisibles como son la hepatitis C o el VIH.

Aprender algunas frases sencillas en el idioma local.

Aprender un nuevo idioma es difícil, pero conocer algunas frases puede salvarte la vida. Asegúrate de aprender a decir: «¿Dónde está el hospital?» Frases como «me duele la espalda», o «padezco tal enfermedad» también pueden ser útiles si, por ejemplo, necesitas sentarte en el autobús cuando tu discapacidad no es inmediatamente visible.
Si te preocupa su pronunciación, puedes escribir estas frases, o llevarlas en el móvil y mostrárselas a la gente si fuera necesario.

Estar al tanto del hospital, farmacia o clínica más cercana en cada destino.

Si viajas con una enfermedad crónica, básicamente, ten un plan de seguridad de emergencia. Si te aloja en una zona remota sin una institución sanitaria cercana, habla con un miembro del personal del alojamiento o con un guía local para que te aconseje. Llevar un mapa con los lugares importantes marcados con un círculo e identificados en el idioma local también puede ayudarte en caso de que necesites tomar un taxi.

Practicar una buena higiene.

¡Los gérmenes nunca están de vacaciones! ¡Puede contraer cosas como un vulgar catarro en cualquier lugar, y no sólo un resfriado!
La limpieza es especialmente importante en as grandes urbes donde se concentran millones de personas cada día, cada una de las cuales puede ser portadora de una cepa del virus a la que nunca te has expuesto. Así que lávate las manos con frecuencia, y evita tocarse los ojos, la nariz y la boca.

Mantener una buena seguridad alimentaria.

Al igual que lavarse las manos antes de comer, presta atención a la seguridad de los alimentos. Hay una razón por la cual la intoxicación alimentaria durante las vacaciones se le llama diarrea del turista. Aunque probar la cocina local es la piedra angular de cualquier buen viaje, hay algunos alimentos que es mejor evitar.

Si tu destino tiene una higiene deficiente para tus costumbres, evita los alimentos no cocinados, las bebidas frías, y las frutas. La comida de la calle puede ser una parte integral de la cultura local, pero es mejor pegarse a la comida que ha sido cocinada justo enfrente de ti. Además, ¡ver a la gente cocinar es divertido!

Protegerse del clima y de la fauna.

Salvo algunos insectos y roedores, nuestro territorio es relativamente benigno en comparación con la selva amazónica o africana. En caso de que te vayas a desplazar a zonas de naturaleza en otros continentes asegúrate de llevar un amplio suministro de insecticida y protector solar para la piel. Los insectos pueden ser portadores de enfermedades y las quemaduras de sol no son divertidas en ninguna parte del mundo.
Algunos lugares permiten que los animales domésticos deambulen libremente. Por muy pintoresco que parezca alimentar a un gato o un perro callejero, evite tocar a los animales. Pueden ser portadores de enfermedades que a un foráneo le afectan de forma más intensa. Si algo le pica o le muerde, busque ayuda médica de inmediato, aunque el comportamiento posterior del animal parezca normal.

Descansar.

Como estás viendo, viajar con una enfermedad crónica no resta diversión a la experiencia, pero también hay que ser consciente de que estás exponiendo tu cuerpo a mucho estrés al enfrentarse a situaciones desconocidas. Asegúrate de descansar lo suficiente. Si estás cansado pero quieres aprovechar al máximo tu tiempo, opta por una actividad más relajada como subir a un autobús turístico o simplemente siéntate en un café al lado de la calle y observa cómo pasa el mundo. ¡Una experiencia intensa no tiene porque convertirse en un itinerario agotador!

Usa el sentido común.

Usar el sentido común puede parecer algo contrario a la aventura de un viaje. De hecho muchos de nosotros nos volvemos más audaces, activos e intrépidos cuando salimos de nuestro país. Sólo recuerda que te encuentras en un entorno desconocido. Prevé qué hacer en caso de imprevistos. ¡Piénsalo dos veces antes de escalar esa pared que se desmorona, y no te arriesgues a tener un accidente por un selfie!

¡Disfruta de un viaje seguro y feliz!

Leer sobre los riesgos de viajar con una enfermedad crónica puede acabar siendo aterrador, así que no dejes que el temor a la enfermedad te impida explorar el mundo. De hecho, comprender cuán vulnerables podemos ser en algunas áreas del mundo puede ayudar a en la dirección correcta.

Si tomas las precauciones adecuadas, ¡deberías disfrutar de una aventura sin estrés!

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