ZONAS AZULES, EL SECRETO DE LA LONGEVIDAD

Cinco zonas azules del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Te descubrimos sus claves para lograr una longevidad sin gimnasio ni contar calorías.

zonas azules

¿Por qué se denominan zonas azules?

El término «zonas azules» es el nombre dado a las regiones geográficas donde las personas viven vidas mucho más largas y saludables. Estas áreas geográficas también se han denominado «puntos críticos de longevidad».

El nombre “zonas azules” proviene de cuando, el científico demográfico Michel Poulain y el gerontólogo Gianni Pes iniciaron una investigación sobre el año 2000 para determinar los lugares del mundo en los que vivían las personas de mayor edad. Descubrieron una población de este tipo en la región de Barbaglia (Cerdeña, Italia) y marcaron el área con tinta azul.

A raíz del descubrimiento de Poulain y Pes, el periodista estadounidense Dan Buettner inició una investigación por el resto del mundo, respaldado por la Sociedad de Gerontología de Norteamérica y la National Geographic, y encontró otros cuatro lugares con características similares: La Península de Nicoya, en Costa Rica; la isla de Icaria, en Grecia; Loma Linda, en California y la isla de Okinawa, en Japón.

Estas «zonas azules» llevan años siendo estudiadas por el doctor Dan Buettner y un equipo multidisciplinar de científicos. Son consideradas, hoy, como auténticos referentes en longevidad y calidad de vida. Allí, la presencia de cáncer, enfermedades coronarias o neurodegenerativas tienen una escasa incidencia.

Las 5 zonas azules en el mundo

Diseminadas por todo el globo, estas fuentes de eterna juventud no parecen guardar ninguna relación geográfica. Pero sí tienen algo en común: sus habitantes hacen dietas similares y comparten hábitos saludables. Estas son las cinco zonas azules descubiertas hasta el momento y las razones de la saludable longevidad de sus habitantes.

Matrimonio de Icaria

Icaria, en Grecia

Esta diminuta isla del Egeo, a ocho millas de la costa turca, tiene unas de las tasas más bajas de mortalidad y demencia senil. La investigación vincula su mayor longevidad con su dieta mediterránea tradicional, rica en verduras y grasas saludables, con pequeñas cantidades de productos lácteos y cárnicos.

Curiosamente, como señala Buettner y asociaciones como la American Heart Association, la ingesta moderada de vino y café que hace aquí, junto con el ritual de la siesta, son una triada ganadora.

Icaria está aislada del resto de Grecia, no tiene puertos naturales. Esa limitación hizo que se fortaleciera los lazos internos, tanto los sociales como los familiares. Y que surgiera una cultura propia, con escasa “contaminación” exterior, que solidifica lo que surge entre ellos.

Al parecer, en la zona hay una importante tradición oral de narraciones, que pasan de padres a hijos, y funcionan como un elemento de ejercicio mental que les permite mantener ágil la memoria y sus habilidades narrativas.

Habitantes de Cerdeña

Oligastra, en Cerdeña

Las montañas de esta isla italiana cuentan con la mayor concentración de hombres centenarios del mundo y con las tasas más bajas de diabetes, cáncer y muerte para menores de 65 años. En Cerdeña, las personas mayores son respetados y reverenciados, son una parte vital de la sociedad. Viven en ámbitos familiares, rodeados de afecto y de atención.

Dentro de los primeros hallazgos de Gianni Pes respecto a la alta esperanza de vida de esta zona de Cerdeña se encontró uno que lo sorprendió más que el resto. Mientras que en otras regiones la relación de mujeres mayores respecto a los hombres es de 4 a 1, aquí es de 1 a 1.Es decir los hombres viven lo mismo que las mujeres.

Lo más destacado de la investigación es que se trata de una población que consume una dieta muy baja en proteínas y que, dada la orografía del lugar, hace mucha actividad física desde niños. Lo escarpado del lugar hace que, desde jóvenes, generen buena musculatura y resistencia cardiovascular. La extraordinaria calidad del aire parece ser otro factor que favorece de forma determinante la longevidad de sus habitantes.

Okinawa, el promedio de personas con más de 100 años es uno de los más altos del mundo.

Okinawa, en Japón

Los números de Okinawa sorprenden. La comparación de los promedios con los de Estados Unidos en cuestiones de salud y calidad de vida son contundentes. Un ciudadano de la isla japonesa tiene un tercio más de posibilidades de alcanzar los cien años que un norteamericano. El porcentaje de mujeres afectadas por cáncer de mama es un cincuenta por ciento inferior. Y mejora alrededor de un tercio respecto a las enfermedades cardiovasculares. La incidencia de las demencias seniles y del Alzheimer es diez veces menor.

Okinawa representaba un desafío para los investigadores. El mundo oriental tiene otros códigos y otras costumbres. Pensaban que no sería sencillo incorporar en su sistema a la isla japonesa. Pero, la ilusión estaba depositada, más allá de la evidencia estadística de la larga esperanza de vida, en poder encontrar otros elementos que ayudaran a entender el por qué de las Zonas Azules.

Ese elemento novedoso fue el Ikigai. El término se puede traducir como propósitos de vida. El Ikigai es el motivo, la razón que los hace levantar cada mañana de su cama.

Esta isla es el hogar de las mujeres más longevas del mundo. Toman alimentos básicos como la soja, la artemisa, la cúrcuma y el goya, una especie de melón que ayuda con los problemas de diabetes. Todos estos ingredientes se estudian ahora por sus propiedades rejuvenecedoras.

También se apunta a que su dieta, rica en miso, el único alimento capaz de ayudar a eliminar la radiación del cuerpo humano, influye en las bajas tasas de cáncer.

En 5 cantones viven más de 41 adultos mayores de 100 años

Nicoya, en Costa Rica

Las cifras del Centro Centroamericano de Población indican que en esa zona hay 5 mil mayores de 75 años; de ellos 865 mayores de 90 y 41 mayores de 100 en buenas condiciones. Aquí, los residentes tienen la tasa de mortalidad de mediana edad más baja del mundo y la segunda concentración más alta de hombres centenarios. Los estudios en cuanto a su dieta revelan que en su alimentación hay una predominancia de vegetales de cultivo propio, sin pesticidas ni fertilizantes químicos y escasos alimentos procesados. Según Buettner, «su gran secreto son las tres hermanas de la agricultura mesoamericana:  frijoles, maíz y calabaza. Crecen juntas y se comen juntas aportando importantes dosis de calcio, antioxidantes y fibra».

Otro aspecto a tener en cuenta son los manantiales de agua que nutren la zona. Son especialmente ricos en calcio y magnesio, lo que favorece unos huesos fuertes y la reducción de enfermedades cardiovasculares. Aquí la gente llega sana a los 90 años en una proporción 2,5 veces mayor que en Estados Unidos y gasta quince veces menos que sus vecinos norteamericanos en cuidados de salud.

Loma Linda, tiene la mayor concentración de adventistas

Loma Linda, en California

Quizá esta sea la zona azul más sorprendente. Tiene la mayor concentración de adventistas del séptimo día de Estados Unidos y se ha constatado que muchos viven diez años más que la media de estadounidenses. Además los adventistas, desde el siglo XIX dan mucha importancia a una vida sana y una alimentación equilibrada, al parecer la clave podría estar en su dieta, basada en los textos bíblicos, rica en granos, frutas, nueces y verduras, la dieta del “Jardín del Edén”.

Por otro lado, los fuertes lazos sociales que se establecen en la comunidad generan una red de confianza que potencia la sensación de seguridad, el equilibrio emocional y una mayor autoestima. Sorprende lo bajas que son sus cifras de depresión, uso de ansiolíticos y visitas al psicólogo respecto otras ciudades del país.

¿Estos lugares tienen algo en común?

Al encontrar estas zonas azules, todos comenzaron a preguntarse ¿qué tienen de especial estos lugares que hacen que la gente viva más y mejor? La duda radicaba principalmente en que no se trataban de lugares aledaños, sino totalmente alejados y diversos. Fue el propio Buettner el que en su libro The Blue Zones, publicó 9 lecciones que encontró tras recorrer las zonas azules y concluyó que ayudan a prolongar y mejorar la calidad de vida.

No hace falta ser un atleta, pero sí tener en cuenta que la vida sedentaria no es una vida saludable.

¿Qué es un ikigai? en japonés básicamente significa tener un motivo para vivir, una razón de ser. Un objetivo y un propósito.

Parece una obviedad, pero este concepto está alineado a casi todas las enfermedades que se relacionan con el envejecimiento tanto corporal como mental. Incorporar rutinas saludables que oxigenan nuestras actividades diarias.

Es un concepto de Confucio y significa no comer hasta estar llenos, sino hasta el 80% de nuestra capacidad. También tener una dieta moderada en calorías.

Principalmente se refiere a comer lo que proporciona la misma tierra, sin conservantes.

Al igual que con el resto de los hábitos, no se desacredita beber alcohol sino hacerlo de manera moderada.

Compartir una creencia, incluso la actividad religiosa, son hábitos compartidos en estas comunidades.

Vivir con alguien, cuidar y ser cuidado. Mantener y fortalecer los vínculos familiares para construir relaciones sólidas.

En estas zonas se destacó que la ancianidad no es un factor que aleje a las personas de la vida social. Al contrario, los acerca aún más al resto de la sociedad, los acianos son personas de consulta y respeto.

Conferencia de Dan Buettner ¿Cómo vivir 100 años?

En resumen, los nueve factores anteriores para tener una vida más longeva podrían sintetizarse en dos:

1. Vida saludable. En primer lugar, mantener un estilo de vida saludable, lo que implica practicar ejercicio de intensidad regular, con rutinas para “romper” con el estrés diario, incluir principalmente productos a base de plantas en nuestra dieta, comer sin llenarse y no beber en exceso.

2. Vida en comunidad. En segundo lugar, integrarse en grupos que promuevan y apoyen esas “buenas prácticas”: familia, comunidades religiosas, grupos sociales, etc., grupos que deben tener su propio “ikigai”, es decir, su propia “razón de ser”. Hay un “ikigai” personal, pero también hay un “ikigai” colectivo que establece los objetivos para cada comunidad así como los desafíos que hay que superar para alcanzarlos.

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